—Fernando, ¿tienes ya tu lista de dudas para el cierre? —le pregunté, un viernes de septiembre, en nuestra reunión anual de planificación.
—¿Qué lista?
—La de todo lo que este año te ha generado dudas contables. Una provisión, una operación rara, lo que sea.
Se quedó pensando y, para mi sorpresa, sacó tres puntos casi de memoria: un litigio con un proveedor que llevaba meses sin resolverse, un lote de material que no se movía del almacén desde marzo, y una operación de venta a otra empresa de su mismo grupo que nadie había cerrado bien contablemente.
—Perfecto. Vamos a revisarlos uno a uno, ahora que quedan tres meses.
En noviembre, cuando volvimos a hablar, ya solo quedaba uno pendiente. En diciembre, ninguno.
—Vicent, esto es lo más tranquilo que he vivido un cierre de ejercicio —me dijo, casi sorprendido, en nuestra última llamada del año.
No fue suerte. Fue, simplemente, escribir la lista tres meses antes de necesitarla.