
El problema empezó en el desayuno del hotel.
El buffet tenía demasiado género para la ocupación que había. Lo calculé en menos de dos minutos. Merma elevada. Coste por cliente demasiado alto.
Mi mujer y mi hija me miraron.
El mensaje llegó enseguida: Papá……. ¿Estás auditando el buffet?»
«No….. bueno si jijijijiji»
Pausa.
«Estoy solo observando.»
Contestación de mi mujer:
No, llevo 25 años contigo y estas contando…..
La deformación profesional
Los auditores tenemos un problema en vacaciones.
No es que no sepamos descansar. Es que llevamos años entrenando el mismo músculo: mirar los números, detectar lo que no cuadra, preguntarnos por qué.
Ese músculo no se apaga en agosto.
El chiringuito con demasiados camareros para las mesas que hay. El parking que cobra por horas pero cierra a las diez. El restaurante que tiene la carta plastificada desde 2019 con los precios tachados a bolígrafo.
Lo vemos todo.
Y a veces, solo a veces, nos preguntamos si el dueño sabe lo que está pasando.
Agosto es el mes en el que los negocios funcionan sin sus dueños.
O no funcionan.
Los mejores negocios que hemos auditado tienen algo en común: el empresario puede irse dos semanas y la empresa sigue. Los procesos están documentados. Los controles, en su sitio. Los números, accesibles.
Los que nos preocupan son los otros. Los que dependen de que el propietario esté mirando.
Agosto es una prueba.
Muchas empresas la aprueban. Otras descubren en septiembre que algo falló mientras nadie miraba.
Nos vamos de vacaciones.
Pero una vez por semana publicaremos una historia.
Sin el ritmo de julio. Sin la urgencia de los plazos. Solo buenas historias de empresas que merecen contarse.
Porque las mejores historias que hemos vivido como auditores no tienen fecha en el calendario.
Y agosto, sorprendentemente, es un buen mes para leer.
Gracias por haber leído todo julio.
Nos vemos en la siguiente.
El equipo de Mare Nostrum Auditores.
(Y sí. El buffet del hotel tenía la merma demasiado alta.)