
Hay clientes que se preparan para la auditoría con una dedicación que emociona.
Este era uno de ellos.
Cuando llegamos a la empresa, sobre la mesa de sala de reuniones había doce carpetas. De colores distintos. Perfectamente alineadas. Con etiquetas plastificadas.
Impresionante.
Preguntamos qué había en cada una.
El director financiero las miró un momento.
«Las rosas son las facturas. O las verdes. Las verdes son… proveedores, creo. Las azules son bancos. O contratos. Espera.»
Llamó a la contable. La contable llamó a la administrativa. La administrativa estaba de vacaciones.
Las carpetas las había organizado ella en julio. Nadie más sabía el código.
Estuvimos cuarenta minutos descubriendo el sistema.
Era perfectamente lógico. Y completamente intransferible.
La moraleja no es que los colores sean malos.
Es que un sistema de archivo que solo entiende una persona no es un sistema. Es un hobby.