
—Vicent, mi gestor lleva veinte años con nosotros, ¿por qué no puede firmarnos él el informe de la subvención?
Me lo preguntó Ismael, dueño de un taller mecánico, con la mejor intención del mundo: confiaba en su gestor más que en nadie.
—No es cuestión de confianza —le expliqué—. Es que la convocatoria exige, literalmente, la firma de un auditor inscrito en el ROAC. Tu gestor puede ser excelente en fiscalidad y contabilidad, pero si no está inscrito en ese registro, su firma no sirve para este trámite concreto.
—¿Y eso qué es exactamente?
—El Registro Oficial de Auditores de Cuentas. Un listado público de quienes estamos habilitados por ley para este tipo de informes. Yo estoy inscrito con un número concreto, que aparece en cada informe que firmo.
Ismael se quedó pensando.
—Entonces, ¿todo lo que llevamos preparado con mi gestor no sirve?
—Sirve todo. Solo falta mi firma encima. Y para eso, primero tengo que revisar el expediente yo mismo.
Revisamos el expediente juntos esa misma semana. Todo estaba en orden. Solo faltaba, literalmente, una firma que su gestor nunca podría poner.