—Vicent, es una ayuda pequeña, quince mil euros. No creo que haga falta complicarse —me dijo Yolanda, al frente de una pequeña empresa de servicios.
—¿Me dejas leer las bases antes de darte la razón?
Las leí esa misma tarde. Para mi sorpresa, esa convocatoria concreta exigía una revisión de auditor mucho más exhaustiva que otras ayudas del triple de importe que había gestionado ese mismo año.
—Yolanda, tengo malas y buenas noticias. La mala: sí necesitas mi informe, y la convocatoria pide una verificación gasto por gasto. La buena: lo hemos detectado con dos meses de margen.
—¿Por qué una ayuda tan pequeña pide tanto?

—Ni idea, la verdad. Cada organismo diseña sus propios controles, y no siempre tiene que ver con el importe. Por eso nunca doy nada por supuesto sin leer la convocatoria concreta.
Preparamos la revisión con calma, sin ninguna prisa de última hora. Cuando Yolanda me lo agradeció, le dije lo que le digo a todos: no fue mérito mío. Fue no dar nada por sentado por el tamaño de la cifra.