Las ofertas existen.
Pero llegan tarde.
La empresa ya había decidido.
Proveedor elegido.
Trabajo encargado.
Compromiso asumido.
Todo en marcha.
Y entonces apareció la norma.
Tres ofertas.
Comparativa.
Elección justificada.
Proceso acreditado.
Pero no después.
Antes.
Siempre antes de contratar.
La empresa reaccionó rápido.
Pidieron presupuestos.
Recopilaron opciones.
Armaron una comparativa que sobre el papel parecía impecable.
Tres ofertas. ✔
Documentadas. ✔
Presentables. ✔
Pero no reales en el momento en que se tomó la decisión.
Vicent no se fijó en los importes.
Ni siquiera en los proveedores.
Fue directo a las fechas.
Porque ahí se ve la verdad.
Las ofertas existían…
pero no cuando tenían que existir.
No antes de contratar.
No antes de asumir el gasto.
Después.
Siempre después.
Y en subvenciones, el “después” no sirve.
Porque la norma es clara:
👉 Las tres ofertas deben recabarse antes de contraer el compromiso de gasto
👉 Y deben aportarse en la solicitud
👉 Y si no eliges la más barata, debes justificarlo
Nada de reconstruir.
Nada de completar a posteriori.
El proceso no se puede simular.
Se tiene.
O no se tiene.
Vicent cerró el expediente.
Sin margen.
pero si no existían cuando tomaste la decisión,
no sirven para nada.
👉 Incumplimiento del procedimiento.
La empresa intentó defenderlo.
Que si el proveedor era el adecuado.
Que si el precio era razonable.
Que si el resultado estaba justificado.
Pero aquí no se revisa si elegiste bien.
Se revisa cómo elegiste.
Y cuándo.
El error no fue de documentación.
Fue de orden.
Pensaron que podían construir el expediente después.
Pero el expediente se construye antes… o no se construye.
Lección:
El orden importa tanto como el documento.
Puedes tener las tres ofertas perfectas…
