
Cuando Vicent Sanz comenzó a auditar cuentas anuales, hace ya más de dos décadas, la auditoría era una actividad muy distinta a la que conocemos hoy. No solo han cambiado las normas, la tecnología o las herramientas; ha cambiado, sobre todo, la forma de entender el valor de la auditoría para las empresas y para la sociedad.
Esta es la historia de esa transformación, contada desde la experiencia de quien ha vivido en primera persona la evolución de la profesión.
A principios de los años 2000, la auditoría de cuentas era una actividad mucho más manual. La mayor parte del trabajo se apoyaba en archivadores físicos, papeles de trabajo impresos y largas horas revisando documentación en las oficinas del cliente.
Los programas informáticos existían, pero eran limitados. El acceso a la información dependía casi por completo de lo que la empresa facilitaba, y la labor del auditor se centraba en verificar, contrastar y documentar, con un fuerte peso del juicio profesional basado en la experiencia.
En ese contexto, la relación personal con el cliente era clave. El auditor era una figura cercana, conocida, y su criterio se valoraba tanto por su conocimiento técnico como por su capacidad de entender el negocio desde dentro.
Con el paso de los años, el entorno regulatorio se fue haciendo progresivamente más complejo. La adaptación a las Normas Internacionales de Auditoría (NIA), los cambios legislativos en España y el refuerzo del control público marcaron un antes y un después en la profesión.
La auditoría pasó de ser percibida, en muchos casos, como un trámite formal ligado al Registro Mercantil, a convertirse en una actividad con mayor responsabilidad pública y mayor nivel de exigencia técnica y documental.
Para auditores como Vicent Sanz, esto supuso un proceso continuo de formación, adaptación y mejora de metodologías. La calidad dejó de ser solo una buena práctica para convertirse en una obligación estructural de la profesión.
Uno de los cambios más visibles en estos 20 años ha sido, sin duda, la tecnología. La digitalización ha transformado por completo la forma de auditar:
Hoy, gran parte de la evidencia de auditoría se analiza en formato digital, lo que permite mayor alcance, trazabilidad y eficiencia, pero también exige al auditor nuevas competencias técnicas y una comprensión más profunda de los sistemas de información del cliente.
Lejos de sustituir el criterio profesional, la tecnología ha reforzado una idea clave: el auditor sigue siendo imprescindible para interpretar los datos, detectar riesgos y entender el fondo del negocio.
La auditoría moderna es mucho más que una revisión de cifras. En estas dos décadas, el enfoque ha evolucionado hacia una auditoría basada en riesgos, donde comprender la actividad, el entorno económico y los procesos del cliente es esencial.
Auditar hoy implica hacerse preguntas que antes no eran habituales:
Esta evolución ha convertido al auditor en un profesional que aporta visión, contexto y rigor, sin perder su independencia.
Otro gran cambio ha sido la percepción de la auditoría por parte de las empresas. Aunque sigue existiendo la obligación legal, cada vez más clientes entienden la auditoría como una herramienta de mejora, credibilidad y transparencia.
En Mare Nostrum Auditores, y bajo la experiencia de Vicent Sanz, esta relación se ha basado siempre en:
Tras 20 años auditando cuentas anuales, una conclusión es clara: la mejor auditoría es la que el cliente entiende y valora.
La auditoría seguirá cambiando. La sostenibilidad, la información no financiera, la inteligencia artificial o el análisis masivo de datos marcarán los próximos años. Pero hay algo que no ha cambiado en estas dos décadas: la importancia del criterio profesional, la ética y la independencia.
La experiencia acumulada durante estos 20 años permite afrontar el futuro con una ventaja clara: conocer de dónde venimos para saber hacia dónde vamos.
En Mare Nostrum Auditores seguimos auditando con la misma convicción que al principio, pero con más conocimiento, mejores herramientas y una visión más amplia. Porque la auditoría cambia, pero el compromiso con la calidad y la confianza permanece.