La factura era impecable.
Número correcto. Fecha correcta. Concepto detallado. IVA desglosado.
Nada que objetar.
Hasta que abrimos el Registro Mercantil.
Treinta segundos. Una consulta.
La sociedad llevaba dieciocho meses sin depositar cuentas. Sin trabajadores en Seguridad Social. Sin actividad registrada.
Una empresa que existía en el papel. Pero que en la práctica, no operaba.
El cliente no lo sabía.
Era un proveedor de confianza. Habían trabajado juntos antes. El trabajo se había ejecutado.
Pero la factura venía de una sociedad que, a ojos del organismo concedente, era una empresa zombi.
Y eso iba a generar preguntas.
¿Quién ejecutó realmente el trabajo? ¿Con qué medios? ¿Dónde estaba el personal?
Lo resolvimos antes de que llegara el requerimiento.
Pero costó semanas de trabajo que se podrían haber evitado con cinco minutos de comprobación.
Antes de cerrar un expediente de subvención, comprueba que tu proveedor:
→ Tiene cuentas depositadas en el Registro Mercantil → Tiene trabajadores dados de alta en la TGSS → Su actividad declarada coincide con lo que te factura
Cinco minutos antes. O semanas de trabajo después.
Tú eliges.

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