Era un proyecto sólido.
Sector turístico, hotel de renombre.
Inversión real.
Documentación en orden.
Todo apuntaba a una justificación limpia.
Hasta que empezamos a hacer preguntas.
La primera reunión fue con el administrador.
Nos explicó el proyecto. La inversión. Los proveedores. Los plazos.
Todo cuadraba.
Pero cuando preguntamos por la distribución de la inversión entre las líneas subvencionables, hubo una pausa.
Larga.
— ¿Lo sabe tu socio? — ¿El qué? — Que parte de esta inversión va ligada a la subvención.
Otra pausa.
— Él sabe que pedimos la subvención. — Pero ¿sabe cómo está estructurada la justificación?
Silencio.
El socio no lo sabía.
No porque hubiera mala fe. Sino porque en las empresas con dos socios al cincuenta por ciento, hay decisiones que se toman en el día a día sin que el otro esté en cada detalle.
El administrador llevaba el operativo. El otro socio llevaba la parte comercial. Y la subvención había caído en medio de los dos.
Sin que nadie la recogiera del todo.
El problema no era la subvención.
El problema era que parte de la inversión justificada correspondía a equipamiento que el otro socio utilizaba también en otra sociedad vinculada.
Algo perfectamente normal en su operativa diaria. Pero incompatible con las bases de la convocatoria.
Porque las bases no entienden de costumbres internas. Ni de acuerdos verbales entre socios. Ni de «siempre lo hemos hecho así».
Las bases dicen lo que dicen. Y punto.
Tuvimos que sentarnos los cuatro.
Auditores, administrador, socio y el expediente encima de la mesa.
Revisar línea por línea. Qué inversión era justificable y cuál no. Qué importes había que ajustar. Qué parte de la memoria había que reescribir.
Fueron dos días de trabajo intenso.
Se salvó la subvención. Pero por muy poco.
Hay una conversación que debería ocurrir siempre antes de ejecutar la inversión.
No con el auditor. No con el gestor.
Entre los socios.
¿Qué gastos van ligados a esta subvención? ¿Quién decide sobre ellos? ¿Hay alguna inversión que compartamos con otra sociedad?
Preguntas incómodas a veces. Pero mucho menos incómodas que rehacer un expediente tres días antes del plazo de justificación.
Cuando llega la cuenta justificativa no hay margen para negociar entre socios.
Las bases de la convocatoria no distinguen entre socios bien avenidos y socios que no se han puesto de acuerdo.
Solo distinguen entre gasto elegible y gasto no elegible.
Y esa distinción la hacen ellos. No nosotros.
