
La asociación tenía un perfil técnico claro.
Un gerente. Media jornada dedicada a la gestión de proyectos europeos. Salario razonable. Contrato en regla.
Y en la justificación del proyecto, su salario imputado al cien por cien.
Cuarenta y ocho mil euros anuales. Todos dentro del presupuesto del proyecto.
El problema era que ese gerente también gestionaba los otros cuatro proyectos de la entidad. Atendía a socios. Coordinaba la comunicación. Llevaba las relaciones institucionales.
Cuando preguntamos por el libro de registro de tiempos, no existía.
Imputar el cien por cien de un salario a un proyecto cuando la persona trabaja en varios es una irregularidad clásica en el tercer sector. Y una de las más frecuentes.
El organismo concedente no financia la estructura de la entidad. Financia las horas reales dedicadas al proyecto.
Si no hay registro de tiempos que lo acredite, la imputación no es válida.
Revisamos los últimos tres ejercicios.
El ajuste fue significativo.
En el tercer sector, los costes de personal son elegibles. Pero solo en la proporción real dedicada al proyecto.
Y esa proporción hay que medirla, registrarla y poder demostrarla.