
Tercer episodio de la serie primer año de auditoría.
Una empresa manufacturera. Activo corriente abultado. Mucho stock.

«Lo tenemos todo perfectamente controlado.»
El valor de las existencias representaba casi el cuarenta por ciento del activo corriente.
Fuimos al almacén.
Había producto. Estaba bien ordenado. Las referencias coincidían.
El problema era la fecha.
El inventario físico se había realizado en octubre. Las cuentas cerraban en diciembre.
Entre medias: dos meses sin ningún movimiento registrado.
Producción parada según los registros. Ventas declaradas. Sin consumos de materia prima.
Algo no cuadraba.
Pedimos el detalle de movimientos. El Kardex. Las entregas a clientes.
El silencio duró veinte minutos.
El inventario de octubre era real. El del balance de diciembre, no.
Había diferencias de valoración que nadie había querido registrar. Porque hacerlo obligaba a reconocer deterioro. Y eso afectaba al resultado.
Llevaba pasando varios ejercicios.
Sin auditoría, nadie lo había visto.
El balance tiene que reflejar lo que hay. No lo que nos gustaría que hubiera.