
Seguimos con la serie sobre el primer año de auditoría.
Esta vez: una empresa familiar.
Tamaño mediano. Sector industrial. Bien gestionada. Con historia.
Y con una práctica que llevaba años funcionando sin que nadie la hubiera señalado.
Las operaciones con partes vinculadas no son ilegales.
Son normales. Habituales. Muchas veces, necesarias.
Pero tienen que estar en la memoria.
Cruzamos los proveedores con el Registro Mercantil.
El tercer proveedor por volumen de facturación. Ciento cuarenta mil euros al año.
Administrador único: el hermano del socio mayoritario.
Sin mención en la memoria. Sin justificación de precio de mercado. Sin evidencia de que las condiciones fueran las mismas que con un tercero.
Cuando lo señalamos, la reacción fue de sorpresa genuina.
«Pero si esto siempre ha sido así. Todo el mundo lo sabe.»
Sí. Pero no constaba en ningún sitio.
Y es exactamente lo que busca un inspector de Hacienda cuando revisa operaciones vinculadas.
El primer año de auditoría saca a la luz lo que «todo el mundo sabe» pero nadie ha escrito.
Las partes vinculadas no son un problema. Ocultarlas, sí.
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