
Cuarto episodio. Serie primer año de auditoría.
Una empresa del sector construcción. Tamaño considerable. Con varios ejercicios de actividad intensa detrás.
Y una memoria que repetía, año tras año, la misma frase.
El apartado de contingencias decía lo de siempre.
«No existen litigios significativos que pudieran afectar a las cuentas anuales.»
Lo habían copiado del año anterior. Y del anterior al anterior.
Nadie lo había verificado nunca. Porque nunca había habido un auditor que lo pidiera.
Pedimos la confirmación del abogado.
Llegó en tres días. Cuatro folios.
Tres procedimientos abiertos. Uno laboral, dos mercantiles. La contingencia estimada: doscientos veinte mil euros.
El departamento legal lo sabía. El abogado lo había comunicado por escrito en enero.
Pero nadie lo había trasladado a contabilidad.
No era mala fe. Era que cada departamento vivía en su propio mundo. Y sin alguien que cruzara la información, los agujeros pasaban desapercibidos.
Los proveedores, los bancos, los socios que leen la memoria merecen saber si hay pleitos abiertos.
El primer año de auditoría conecta lo que estaba desconectado.
Por eso existe.