El expediente llegó ordenado.
Facturas. Transferencias. Albaranes. Contratos. Todo en su sitio.
Pedimos la documentación de soporte de la factura principal. La del proveedor tecnológico.
El cliente nos mandó el email con los archivos adjuntos.
Y en el hilo de conversación, sin borrar, sin darse cuenta, estaba el mensaje del proveedor.
Tres líneas.
«Como acordamos, emito la factura por el importe completo del contrato. El descuento del 20% te lo aplico en la siguiente compra.»
El proveedor había facturado el precio de catálogo. Pero el precio real era un veinte por ciento menor.
La empresa no lo había hecho con intención de defraudar. Así lo habían hecho siempre con ese proveedor.
Pero en una subvención, facturar por encima del precio real acordado no es solo un error contable.
Es una irregularidad que puede derivar en reintegro total de la ayuda y en expediente sancionador.
Paramos. Evaluamos. Actuamos antes de que llegara el requerimiento.
Pero estuvimos a punto de firmar un informe sobre una factura que no reflejaba la realidad.
En subvenciones, revisamos todo.
También los emails.
